Albania: la fe que derrotó al odio rojo

Albania fue el primer Estado que se declaró ateo de forma oficial. Sin embargo, 41 años de dictadura comunista no arrancaron a Cristo del alma de los albaneses.

Por Ángeles Conde desde Albania

Fotografía: Daniel Ibañez

Crucifijo mutilado, memoria de la persecución del comunismo, en el museo diocesano de Escútari

FUE UNA suerte de Corea del Norte en pleno corazón de Europa. De 1944 a 1985 Albania vivió un aislamiento total, obra de la dictadura comunista de Enver Hoxha, uno de los tiranos más totalitarios del siglo xx. El país que vio nacer a santa Teresa de Calcuta fue, además, el primer Estado oficialmente ateo del mundo. Hoy, sin embargo, Albania es un estupendo destino para combinar el turismo con un itinerario de fe.

Reconstruir la fe

Para conocer esta martirizada tierra elegimos como primera parada el santuario de su patrona, Nuestra Señora del Buen Consejo, en Escútari. La tradición cuenta que en 1467 la imagen de la Virgen fue llevada milagrosamente por dos ángeles hasta la ciudad de Genazzano, en Italia, donde se refugió de la amenaza turca.

1.Estatua de Madre Teresa, albana de cuna, a la entrada de la catedral de Tirana. 2. Virgen del Buen Consejo, Patrona de Albania, en el Santuario en su honor. 3. La catedral de Escútari fue convertida en cancha de baloncesto durante la dictadura.

Desde hace siglos, la lucha por mantener la fe ha forjado el carácter de varias generaciones de albaneses. Prueba de ello es la catedral de San Esteban, totalmente reconstruida. Era la más grande de los Balcanes y probablemente la más bella hasta que el régimen comunista destruyó casi todas las iglesias de Albania.

La catedral fue reconvertida en cancha deportiva, con gradas incluidas, y por eso no fue derribada. Tras la caída del comunismo, el 25 de abril de 1993 Juan Pablo II consagró en ella a cuatro obispos. El Papa viajó a Albania para reconstruir la Iglesia católica, que, esquilmada, solo contaba con un obispo y 16 sacerdotes.

Juan Pablo II consagró a cuatro obispos en la misma catedral que el régimen comunista había convertido en cancha de baloncesto

El museo diocesano conserva piezas que testimonian esta persecución. Los rosarios, cálices o crucifijos exhibidos fueron escondidos durante años y son el símbolo del intento sistemático de arrancar la fe a este pueblo. Una familia conservó durante 40 años una cruz enterrada bajo tierra. Solo la desenterraban por Pascua y Navidad, y la volvían a enterrar.

Cuando los albaneses supieron que el régimen había caído, se dirigieron al cementerio de Escútari. Las novicias, a las que habían mandado a sus casas cuando se instauró la dictadura, se colocaron su hábito 40 años después y asistieron a la primera Eucaristía libre celebrada en décadas.

Gastronomía y memoria

Recorriendo las calles de Escútari nos damos cuenta de que hoy vuelve a recuperar la arquitectura señorial de antaño. Algunas casas sobrevivieron al diseño comunista, que pasó como un rodillo convirtiendo la ciudad en un bloque de hormigón. El régimen llevó a cabo la misma operación uniformadora en todas las ciudades. La capital, Tirana, no fue una excepción.

Tirana es, precisamente, nuestra siguiente parada, una moderna ciudad en la que los edificios se han renovado y predomina el color en las fachadas que divisamos desde el restaurante donde almorzamos. Allí tenemos la oportunidad de degustar un excelente vino local. Los caldos albaneses son similares a los italianos por la proximidad climática. De hecho, es en Italia donde aprenden el oficio muchos chefs albaneses y, por eso, es posible probar en los Balcanes un risotto que no tiene nada que envidiar al italiano.

4. Las fachadas de los edificios de Tirana han sido renovadas y hoy predomina el color.  5. Vidriera de la catedral de Tirana que conmemora la visita del Papa Francisco. 6. Mausoleo abandonado dedicado al dictador comunista Enver Hoxha.

Al país transalpino emigraron muchos albaneses en los años 90. Prueba de ello es la odisea de la nave Vlora, cuando 20.000 albaneses arribaron a las costas de Bari en busca de un futuro mejor, aunque la mayoría fueron deportados. En aquel entonces, Italia recibía las pateras del Adriático.

Tras la comida continuamos nuestro paseo hasta llegar a la catedral católica de San Pablo. La figura de la santa Madre Teresa de Calcuta, Nene Tereza, albana de cuna, nos recibe a la entrada del templo. En septiembre de 2014, el Papa visitó esta catedral, cuyas vidrieras rememoran hoy ese paso del sucesor de Pedro. Albania fue el primer destino europeo que escogió Francisco, dando así una lección para reivindicar el sufrimiento de esta Iglesia mártir.

La oscura maquinaria

La capital es todo un compendio de historia de la vieja Europa en apenas unos pasos. En plena ciudad se levanta la faraónica pirámide de vidrio destinada a albergar la tumba del dictador.

No caminamos más de cinco minutos y descubrimos Bunk’Art, el primer museo del país en memoria de las víctimas del terror comunista. Se trata de uno de los 175.000 búnkeres que hay repartidos en Albania, cuya atmósfera es cálida y pegajosa. Al entrar, un mosaico de fotos muestra los rostros de los represaliados durante la dictadura, muchos de ellos sacerdotes, religiosos y religiosas.

El aire es pesado en el búnker, pero imaginar la vida de los albaneses bajo ese régimen es lo que realmente corta la respiración

Sigurimi es una de las palabras que más marcaron a los albaneses durante los 40 años de oscuridad. Se trata de la paranoica maquinaria de seguridad del Estado que llevaba a cabo escuchas telefónicas, redadas arbitrarias y  confinamientos en campos de concentración.

El aire es pesado en el búnker, pero imaginar la vida de los albaneses bajo ese régimen es lo que realmente corta la respiración.

Dos últimas paradas

Otra ciudad clave en nuestro recorrido es Lezhë, donde visitamos la iglesia de la Virgen de la Anunciación, un sencillo templo de una sola nave que antes de la dictadura estuvo decorado con ricos mosaicos, iconos y retablos. El propio san Francisco de Asís la diseñó. Su barco hizo aguas en costas albanesas y, como se vio obligado a permanecer en el país, edificó esta iglesia. El régimen no la derribó porque la transformó en un almacén.

Lezhë es una de las ciudades con más historia del país. Bañada por el Adriático, también es un excelente destino de playa donde disfrutar de buen pescado a buen precio, o del postre típico albanés, el bizcocho trileqe, un dulce suave hecho a base de leche.

7. Bunk’art es el primer museo del país en memoria de las víctimas del comunismo. 8. Iglesia donde estuvo san Francisco de Asís en la ciudad de Lezhe. 9. Bizcocho trileqe, postre típico albanés.

Con fuerzas renovadas proseguimos nuestra visita por la cuidad donde descansan los restos de Skanderbeg. Primero subimos a uno de sus castillos fortaleza, desde donde defendía al país del invasor. Después visitamos su mausoleo, donde glosan sus gestas en defensa de la fe y la integridad de un pueblo que ha combatido mil y un sinsabores.

Y mientras cae la tarde, seguimos paseando por el país de las águilas, que tanto nos ha conmovido y sorprendido por su historia, por su fortaleza y por el testimonio de una fe que derrotó al más cruento odio.

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